Construcción de Flautas traversas de bambú
La geometría de las flautas y de los bambúes
 
Las flautas traversas, traveseras o laterales de bambú tienen tradicion en distintas culturas, como el caso del fue y shino bue japonés, el bansuri de la India, el dtzu de China, entre otros. Hay también ejemplos en otros lugares de Asia y en Africa.
En América, se conoce a las traversas como quenas traversas o pífanos, con influencia de flautas militares europeas. El temimbi ie piasa es un ejemplo de flauta lateral.
Todas tienen en común la embocadura, que consiste en un agujero practicado en el tubo, sobre el que se sopla tangencialmente, colocando el instrumento perpendicularmente al aire. 
A un lado del agujero de embocadura se encuentra el tubo principal, que tiene los agujeros tonales (distinto número, normalmente 6 o 7), y al otro lado, el tapón o cierre. Entre la embocadura y dicho tapón hay una distancia, que es muy importante a considerar para la afinación interna del instrumento, y no, como algunos creen, para regular la afinación fina.
 
Aparte de la distribución y tamaño de los agujeros, un detalle muy importante para la calidad del instrumento es la forma interna del tubo. A lo largo de la historia ha habido traversas construídas con tubos cónicos, con tubos cilíndricos, y con combinaciones de ambos tubos. Los resultados acústicos son distintos en cada caso. 
Las flautas modernas de concierto constan de una cabeza o cabezal (dónde está la embocadura), que es cónico, y el cuerpo de la flauta (dónde están las llaves), que es cilíndrico. Esta forma posibilita una gran alineación de modos de resonancia, resultando una afinación más plena y un sonido más espontáneo.
 
Las flautas traversas de bambú tienen tubos diferentes, dependiendo de la especie utilizada y del trabajo de desbaste y lijado del interior de la caña. Las formas internas resultan distintos timbres y volúmenes de sonido. Muchos bambúes son prácticamente cilíndricos, mientras que otros tienen distinto grado de conicidad.
 
El desafío es obtener el mejor sonido, y la afinación más pareja, respetando en lo posible las características naturales del bambú.
 
Como saber qué hacer con cada caña
 
 Parte del trabajo de luthería en bambú y otros elementos naturales consiste en la observación de cada pieza, sacando el mejor provecho acústico de cada una. 
Para ello, hay que saber que mirar, y, llegado el caso, dónde "tocar" para que la cosa mejore. Es ideal conocer al menos los rudimentos de acústica que nos puedan guiar en cada caso.
Sabemos que un tubo regular va a funcionar bastante bien, ya sea un tubo cónico o un tubo cilíndrico. Sabemos también que algunas formas no van a funcionar en absoluto, como un tubo "ahusado", o con irregularidades muy marcadas, "englobado". Tampoco andan los tubos cónicos exponenciales o parabólicos (tomando la generalidad, hay excepciones, pero no hacen a este trabajo). (Pueden verse los vessel horns de Arthur Benade como referencia)
 El caso de la caña japonesa (Pleioblastus simonii), hemos medido que tiene una parte cónica (cerca del nudo) y una parte virtualmente cilíndrica, en lo que hace al tubo principal. Utilizada en el sentido correcto, reproduce con bastante aproximación el perfil de una flauta moderna de concierto.
La Pleioblastus simonii es una caña de origen oriental, naturalizada en la zona del Delta del Paraná, de tipo leptomorfo (de rizomas expansivas) Su principal característica es la excelente relación diámetro- largo de los entrenudos (distancia entre dos nudos consecutivos). 
Varias veces nos habíamos preguntado por qué tiene tan buen resultado sonoro para traversas, en especial, el volúmen y afinación de los modos superiores (notas agudas). 
Aquí debemos citar un error, que es el observar la forma de los tramos de bambú considerando su exterior. Si realizamos el experimento de abrir longitudinalmente un entrenudo de bambú, veremos que el diámetro interno varía entre un punto y otro, pero también varía el espesor de la pared.

Arriba:Corte longitudinal de Pleioblastus simonii, remarcado en negro la pared. Puede observarse la sutil conicidad cerca del nudo

Perfil del interior de un entrenudo de Pleioblastus simonii, exagerado 75 veces. El eje vertical representa el radio en mm, el eje horizontal, la distancia desde el nudo en cm.Nótese que presenta una forma "abovedada", con una marcada conicidad en los extremos En el extremo más cercano al nudo, se usaría el radio entre 7,5 y 8,5mm como "cabeza" de la flauta (primeros 13 cm aprox)..La parte central  y terminal puede fácilmente llevarse a una forma cilíndrica.de unos 8,7mm de radio.

 

 Como lo que vale en la construcción de un aerófono es el tubo interno, dicha variación de la pared puede llevarnos a engaño. En la parte terminal del entrenudo (cercano al nudo siguiente), el diámetro interno disminuye drásticamete, pero el diametro externo se mantiene constante o aumenta, debido a que la pared es mucho más gruesa. Esa parte, en caso de usarse para la construcción del instrumento, debe rectificarse por dentro llevandola al diámetro del tubo central.
 
Muchas veces, tubos de bambú casi totalmente cilíndricos, o ligeramente cónicos hacia la salida, funcionan correctamente. Atención, nuevamente debemos observar el diámetro de la columna del aire, que no necesariamente coincide con el diámetro de la caña (externo)
En el caso de las traversas, el diámetro de la embocadura y la relación entre éste, el diámetro del instrumento y la cavidad de aire que queda entre la embocadura y el tapón, resulta fundamental.
Esta cavidad de aire (que trabaja básica,mente como un resonador de Helmhotz acoplado a la columna principal), altera las resonancias de los sucesivos registros. En realidad, es un resonador cuyo impacto varía con la frecuencia, oponiendo más "resistencia" a frecuencias más altas (impedancia) REVISAR con Coltman y NSW, impedancia en paralelo
 
Otro elemento acústico a tener en cuenta es la altura de la embocadura, o chimenea formada por la placa en las flautas traversas de concierto. La placa de embocadura tienen por objeto justamente formar esa pequeña columna. En un tubo metálico, de poco espesor, es necesario suplementarlo con otra pieza llamada placa de embocadura, para darle mayor pared y justamente formar esta chimenea. En la mayorìa de  flautas de madera esto no es necesario, ya que la pared misma del material otorga la altura necesaria. Esta pequeña columna de aire tiene su propia resonancia y masa, y que por supuesto influye en el sonido total del instrumento. Esta chimenea tiene también una altura variable, de eso depende la masa total de aire que contiene y su consiguiente impedancia o resistencia. Explicado rápido, esta resistencia le permite al músico cargar más aire en el instrumento, y por lo tanto, producir resonancias con más energía y amplitud.
 
Una de las peores cosas que suceden con una flauta es cuando "cala", es decir, las notas agudas tienen una frecuencia menor a la esperada (llámese, "octavas encojidas" o estrechas). Como refiere John Coltman y otros autores, el oído tiene cierto agrado en escuchar , por el contrario, "octavas estiradas", esto es, que la nota aguda suene un poco más alto que lo esperado.
 
Ahora bien, los tubos perfectamente cilíndricos, con cierta distancia entre la embocadura y el tapón, tenderán a producir octavas cortas o estrechas, es decir, lo contrario a lo deseado. Se ve especialmente manifiesto en las notas más agudas de la escala, ya que se agrava por otro elemento, que es la impedancia de los agujeros  A veces  esta desalineación de octavas es pequeña, y otros factores que dependen del músico compensan perfectamente este defecto,  como el aumento en la velocidad del aire al soplar agudos y la variación de la cobertura de la embocadura.
 
Justamente este elemento suele correr en contra, ya que el músico tiende a achicar la distancia entre los labios y el bisel a medida que sopla notas más agudas. Esta es una tendencia inconsciente, totalmente coherente con la acústica, pero que tiende a bajar las notas agudas. Esto se debe a que la embocadura de la flauta se comporta como un agujero más de la flauta; fácilmente puede comprobarse que si se cierra parcialmente un agujero, la nota baja. Entonces, si soplas el Sol 4 dejando el agujero de la embocadura más abierto, y soplas el Sol 5 acercando el labio al filo (cerrando la embocadura), la octava Sol4-Sol5 se "encoje" o estrecha.
Y aquí entra a tallar la forma interna del tubo. Si el tubo es ligeramente cónico (siendo más delgado en la embocadura, ensanchandose hacia la salida), eleva las frecuencias de resonancia, pero con la particularidad que las agudas son más aumentadas que las graves. Resultado, estiramiento de octavas.
Si el estiramiento de octavas producido por la conicidad coincide con el encogimiento producido por la embocadura semitapada, bien, tenemos octavas alineadas de nuevo. Y para respetar el gusto de nuestro oído, si el estiramiento le gana, mejor.
Es sabido que en las flautas traversas de concierto, el cabezal es cónico, y el tubo es cilíndrico. Este sistema de formas combinadas resulta más efectivo por varios motivos.
 
Ahora bien, acá está presente un elemento importante, que es que la conicidad del cabezal es una variable fija, objetiva, geométrica. En cambio, la semicobertura de la embocadura a medida que se sube en el registro es subjetiva, cada músico cubre a su manera. Podría decirse que exista un pequeño ajuste "a oído" -a piacere de cada músico- , o que el grado de semicobertura está de alguna manera controlado por la conicidad -"permitiendo" al músico cubrir un tanto, y no más ni menos. La conicidad de la cabeza de la flauta traversa está relativamente estandarizada, pero hay variaciones dependiendo los modelos de cabezales. Estas pequeñas variaciones en el ángulo de conicidad (y posiblemente, en ligeras desviaciones respecto al cono recto x=2 de Benade) hacen diferencia a la hora de elegir el cabezal preferido para cada músico, es decir, aquel que "estire octavas" en mayor o menor grado.
 

 

Volvamos al bambú. El Pleioblastus simonii (y probablemente otros, pero que no estudiamos), tiene justamente una parte de su tramo cónica y otra parte cilíndrica. Curiosa coincidencia, que llevó a decir que en realidad Boehm había observado ciertas flautas traveseras indúes con esta característica, que lo habrían inspirado (es una historia bella pero dudosa, por cierto; si alguien tiene alguna referencia, agradezco escribirme a bambuar  arroba yahoo.com.ar)
Es decir, estos bambúes "estiran octavas", especialmente cuando se los utiliza con criterio.
Yendose al detalle, cada uno de estos bambúes van a estirar un poco más o un poco menos, ya que no hay dos entrenudos de bambú iguales.
 
Acá hay un hecho curioso, que es la simetría que aparece en tubos abiertos en ambos extremos (como son las flautas traveseras): si uno pone la embocadura del lado más ancho o del lado más estrecho, la relación de octavas seguirá estirada. Por eso funcionan bien las flautas cónico convergentes, es decir, que se estrechan hacia la salida. Por supuesto, con ciertas salvedades. El cono tiende a elevar frecuencias de los modos de resonancia de forma diferencial, como decíamos antes, suben más a más agudos vaya. Si el cono está en la embocadura, afectará a todas las notas. Si en cambio, el cono están el final de la flauta, no afectará por igual a todas las notas, ya que a medida que se abren agujeros, la columna de aire se acorta y el cilindro ocupa mayor proporciòn de la misma.
Tanto en este caso, como en flautas totalmente cilindricas, el espacio de aire entre el tapón y la embocadura pueden ayudar, resultando también un timbre diferente.
 
Es interesante experimentar con una flauta no mecánica con tapòn mòvil, cambiando la distancia de este a la embocadura. Si se lo separa bastante, se obtiene un sonido bastante interesante y hueco en los graves, pero claro, a costa de una desafinación de las octavas. Constructores de flautas irlandesas (como Terry Mc Gee) recomiendan llevar el tapón justo hasta dónde empieza a desafinar, es decir, lo más apartado posible.
Por lo contrario, hay una modalidad de ejecución cubana llamada charanga que utilizan el tapón totalmente pegado a la embocadura, y en este caso, las octavas se estiran por demás. La entonación es dificultosa, pero el acceso a agudos y sobreagudos es fácil y notablemente agil. Acá el fenómeno se dá porque, como decía arriba, este espacio de aire trabaja más o menos como un resonador de Helmholtz -que por supuesto, tiene su propia resonancia. Esta resonancia constituye un lìmite superior, un techo en el registro de la flauta. Si el resonador se achica, su frecuencia se eleva y la frecuencia límite aumenta.
En ambos casos, llevados a cierto extremo, el ejecutante puede manipular la situación, forzando un poco o bastante la posición de los labios y su distancia a la embocadura. En la práctica, como vimos arriba, el músico SIEMPRE cambia la embocadura. Siguiendo a Coltman, Fletcher y otros clasicos de la acústica, el músico no solo cierra más o menos la embocadura al variar las notas, sino que también varía la velocidad del chorro de aire. De hecho, existe una velocidad de chorro ideal para cada nota y para cada distancia, por lo cual la variación es la constante.
Es común decir entre músicos que un instrumento no está bueno porque tiene que corregir mucho. Pero, ¿si existe de hecho una variaciòn, una corrección inconsiente, porqué esto es un problema? Justamente, l detalle es lo inconsciente de la corrección. Y acá interesa la formación del músico. En un músico folklórico esta corrección inconsciente puede estar mucho más allá que en el clásico, desarrollando  tolerancias que hacen que pueda sacar buen sonido y música de instrumentos que piden más trabajo de embocadura. En muchos casos, este trabajo de embocadura se convierte en virtuosismo y valor -por ejemplo, en ciertas ejecuciones de quena.  Pero, salvo circunstancias, también habrá límites, fuera de lo cual, el instrumento estará "desafinado".
 
 
 
 

 

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